José, el salvadoreños con parálisis cerebral que sueña con ser abogado

Cada mañana José Desiderio Pacas Ramírez, de 18 años, se sienta en su silla de ruedas afuera de su casa a vender periódico para ayudar a su madre, quien se dedica a la venta ambulante de especies y dulces en las colonias de San Miguel.

Su madre Teresa Guadalupe Ramírez, de 36 años, es el único sustento de este hogar. La reacción negativa del padre de José Desiderio en contribuir con la compra de una libreta valorada en 8 dólares, llevaron al muchacho a buscar una forma de poder ayudarle a su madre.

“Él (padre) la abochorno toda, esa fue mi motivación para ponerme a vender diario y no pedirle dinero a mi papá. He agarrado mucha clientela y he hecho buenos amigos”, comentó el joven, quien después de terminar su jornada laboral se prepara para ir a recibir sus clases de 9o grado, en horas de la tarde, en el Centro Escolar Confederación Suiza.

José Desiderio, nació cuando tenía 6 meses de gestación, los doctores le diagnosticaron parálisis cerebral leve, con un pronóstico nada alentador. Su madre Teresa Guadalupe nunca desistió en los cuidados y en cumplir los controles médicos que su hijo necesitaba con la esperanza de salvar su vida.

Hoy el joven, con la ayuda de una silla de ruedas, se ha convertido en un apoyo fundamental para su madre, quien le ha enseñado a perseverar en las adversidades.

Por ello, este joven tiene sus metas claras: “después de la escuela, estoy cursando 9 grado, y luego el bachillerato, yo quiero superarme en la vida y ser abogado” expresó.

La jornada de José Desiderio continúa, en horas de la noche, cuando le ayuda a su mamá a prepara la venta del siguiente día. “Él me ayuda a embolsar hisopo, hilo con aguja, hacer sorpresa, a contar ganchos sandinos, somos un equipo”, cuenta Teresa Guadalupe.

Desde hace 12 años ella vende especies y dulces en la ciudad de San Miguel, luego que una persona le regalase 50 dólares en el funeral de la madre de Teresa; al verse sola con dos hijos decidió retomar el negocio de la familia, gracias a ello a dado lo necesario a sus hijos y levanto las paredes de su casa en un lote heredado por su progenitora.

“Antes se vendía mejor y en ese momento yo aproveche. Compraba el ladrillo, cemento y el pago del albañil que iba poco a poco, hoy estoy con el proyecto del baño lavable hacerlo un poco más cerca para que él (José) no tenga ir gateando por el patio hasta el fondo donde esta la fosa, en especial por las noches”, explica Teresa.

Teresa Guadalupe, no pierde la esperanza de que su hijo se levante de la silla de ruedas y pueda desplazarse con la ayuda de muletas, “ya recibió la primera operación en sus encajes (ingle), hace varios años un ortopeda me dijo que necesitaría otras dos operaciones, hoy solo tengo que esperar que venga otra campaña (jornada) de operaciones para ver si aun se puede operar”, dijo esperanzada.

A pesar de los momentos difíciles, de escasez y en ocasiones nada para comer, Teresa Guadalupe considera que sus hijos son el mejor regalo que la vida le ha dado y asegura ser feliz con “lo poco que se tiene”.